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¿Neuropsicología? ¿Y “eso” qué es?

A menudo, cuando nuestro familiar entra a formar parte del proceso que conllevan las enfermedades, nos encontramos con una maraña de conceptos en relación a los profesionales y sus especialidades, y al propio proceso de la enfermedad, que resultan difíciles de digerir y  posicionar, pero, ¿qué función cumple cada cual? ¿Qué es lo que hacen exactamente? Un déficit del que adolece, en general, este sistema, es la falta de información. Algo tan simple como que alguien se tome el tiempo de explicarnos ¿qué?, ¿cómo?, ¿por qué? Nos vemos rodeados de personal sanitario, cada uno con su palabrería técnica, sin hacernos una idea clara de su labor y cómo nos pueden guiar en nuestro proceso. Al final, en medio de toda esta confusión, es normal experimentar emociones negativas, como miedo, desolación, rabia… que no hacen sino agravar la situación a la que nos tenemos que enfrentar.

Una de las especialidades con la que cuentan los participantes del Multiespacio de Terapia y Convivencia es la neuropsicología. Es una de las áreas que conforman ese equipo multidisciplinar necesario para lograr la óptima rehabilitación en este tipo de patologías. El neuropsicólogo es solo una de las piezas que conforman el engranaje que hace engrasar esa máquina cerebral para que vuelva a funcionar en la mejor de las condiciones.

¿Qué es la neuropsicología?

Pues bien, la neuropsicología es una disciplina clínica que converge entre la neurología y la psicología. Estudia los efectos que una lesión, daño o funcionamiento anómalo del sistema nervioso causa sobre los procesos cognitivos, psicológicos, emocionales y conductuales de una persona. Permite establecer correlaciones entre lesiones cerebrales y alteraciones de las funciones cognitivas. Pero, ¿qué significa “funciones cognitivas”? Cuando hablamos de ellas nos referimos a los procesos mentales o intelectuales, como la atención, memoria, lenguaje, praxias (capacidad para realizar gestos o una secuencia de movimientos), gnosias (capacidad de reconocer objetos) y funciones ejecutivas (la capacidad para razonar, tomar decisiones, planificar, organizarnos el tiempo…). Por ejemplo, para poder abotonarnos una camisa, tenemos preservada la capacidad práxica; oír ruido de llaves e identificarlas como tal constituye lo que llamamos gnosia.

Estos déficits pueden estar originados por varias causas, como enfermedades neurodegenerativas (demencias como Alzheimer, Parkinson, esclerosis), deterioro cognitivo o daño cerebral (traumatismos craneoencefálicos, accidentes cerebrovasculares, tumores). Por ejemplo, en la demencia tipo Alzheimer, la memoria episódica es una de las primeras capacidades en verse afectada, haciendo que la persona olvide a por lo que iba, no se acuerde del nombre de familiares o tenga en la punta de la lengua el nombre de un objeto cotidiano.

El origen de esta disciplina científica

Aunque los inicios de la neuropsicología se sitúan en el siglo XIX, surge como disciplina científica a mediados del siglo XX. Se inicia de la mano de un médico y neuropsicólogo ruso, Luria, quien partiendo de diversas lesiones cerebrales producidas por bala en los soldados de la segunda guerra mundial fue delimitando una estructura cerebral con funciones localizadas e interconectadas.

Todo ello, traducido a la práctica, consiste en realizar una exhaustiva evaluación para poner de relieve esos déficits. Igual de importante que la detección de los puntos débiles, constituye la de los puntos fuertes, ya que sobre ellos nos apoyaremos para rehabilitar los procesos deficitarios. Esta evaluación se realiza con tests específicos, entrevista a la persona afectada y familiares y técnicas de observación. El neuropsicólogo utiliza esta información y la proporcionada por otros profesionales para identificar alteraciones neuropsicológicas, y planificar, implementar y valorar las estrategias de intervención. Hablamos de rehabilitación si el objetivo es optimizar la recuperación de las funciones cognitivas afectadas, así como facilitar estrategias que permitan compensar los déficit. Si, por el contrario, queremos estimular las funciones no desarrolladas y preservar aquellas no deterioradas, con el objetivo de aumentar o mantener la autonomía de la persona, hablamos de estimulación.

En definitiva, nuestro objetivo como profesionales, es acompañar a los participantes y sus familiares en el proceso en el que están inmersos, brindándoles todas las herramientas de las que disponemos.

“La neurorrehabilitación es como el caminar de una tortuga, silencioso, paso a paso, lento, pero sostenido…hasta culminar en la meta”.

Loreto Fernández
Neuropsicóloga de Neurovida
www.neurovida.es

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