Cada mañana cuando entro en Neurovida con mi guitarra me reciben un montón de sonrisas, a veces hasta aplausos o frases como «¡ya ha llegado la música!», «¡ya ha llegado la alegría y el ritmo!», «¿cuándo nos toca música?», «¡qué bien que ya estés aquí de nuevo!». En sus caras leo motivación, ilusión, entusiasmo por vivir la experiencia musical.
Decía Simon Frith, reconocido sociólogo musical, que uno «uno de los efectos de cualquier música […], es el de conseguir intensificar nuestra experiencia del presente» y que «lo que nos da una medida de la calidad de la música es su «presencia», su capacidad para «detener» el tiempo, para hacernos sentir que estamos viviendo en otro momento, sin memoria o ansiedad alguna sobre lo que ocurrió anteriormente o sobre lo que acontecerá después».
Precisamente, esto es lo que demandan los participantes en las sesiones grupales de musicoterapia, vivir el presente de la manera más intensa posible y la música en vivo interpretada por ellos mismos y acompañada por mi guitarra les posibilita este anhelo. Así, a través del canto de sus canciones preferidas, otras veces a través de improvisaciones instrumentales, danzas estructuradas y otros recursos como percusión corporal, los participantes activan todo su cuerpo y su ser.
Cuando mi jornada del día ha terminado, no puedo evitar marcharme con una sonrisa enorme y la alegría inmensa de saber que a través de mi trabajo, la musicoterapia, estoy facilitando a muchas personas la alegría de seguir sintiéndose vivos.
Clara Koronis – Musicoterapeuta Neurovida