Érase una vez en cualquier centro de día o residencia de España…

  • ¿Habéis rellenado ya los registros diarios?
  • ¿Qué registros?
  • El de asistencia, micción/deposición, ingesta de líquidos, medicación, de transporte, incidencias, actividades, absorbentes, comedores, constantes, curas, APPCC, valoraciones, revaloraciones, PIAS, etc.

Esta conversación se repite cada día en cientos de centros de día y residencia de España. El trabajo diario de cualquier profesional de estos recursos se ve incrementado con la cumplimentación de muchos registros diarios. Pero, ¿realmente son necesarios tantos registro? ¿Los profesionales le dan utilidad a la cantidad de datos que registran cada día?

Desde hace unos años vivimos una burocratización de este tipo de recursos. Con la implantación de las normas ISO y sus protocolos, hemos visto un aumento en la cantidad de registros diarios que tienen que ser cumplimentados por terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, enfermeros/as, auxiliares de enfermería… Esta norma sin embargo no ha hecho que mejore la atención que se presta ni ha humanizado el sector. Registros muchas veces de dudosa utilidad, innecesarios y  lo más importante, que hacen que los profesionales inviertan mucho tiempo en estar frente a un ordenador y no acompañando a las personas. Si calculamos el número de horas semanales que invierte cada profesional en cumplimentar registros y lo multiplicamos por todos los profesionales que se dedican a este menester en España, simplemente alucinaríamos con las horas que invertimos. Si este tiempo se utilizara en estar con las personas se daría una humanización de los centros de día y de las residencia. Digo esto porque la burocratización es sinónimo de deshumanización.

Seguramente estaréis pensado lo siguiente: los registros son muy importantes para controlar lo que ocurre. Os invito a reflexionar sobre la afirmación anterior. ¿Son verdaderamente importantes los registros o sencillamente nos hemos acostumbrado a ellos? Yo me inclino por la segunda opción. Arrastramos una forma de trabajar del pasado y no nos paramos a reflexionar. Si pensamos un momento y contestamos a la siguiente pregunta, tal vez podamos reconsiderar lo que hemos venido haciendo hasta ahora ¿cuántas veces al año consultamos los registros y para que?

La mayoría de los registros no los miramos nunca, ni nos son útiles. Miles y miles de datos registrados para nada, únicamente para pasar la auditoría de la ISO o para las inspecciones de la administración arcaica. Perdemos muchas horas al año para cumplimentar algo que no utilizamos nunca. Y todo este tiempo que invertimos es tiempo que podríamos pasar con las personas. Esto es humanizar. Porque las personas que van a las residencias o a las centros de día no van a que sea registrado si han tomado zumo, han hecho pis o si han hecho fisioterapia. Siendo atrevido diría que ni siquiera van a que cada 6 meses le hagan una, muchas veces dudosa,“revaluación”. Van a sentirse acompañados/as, queridos/as, entendidos/as. Quieren crear vínculos con otras personas, o no. Van porque sus hijos les mandan, por voluntad propia, porque lo necesitan, porque se sienten solos/as… Acuden a que los profesionales que nos dedicamos a acompañar a estas personas hagamos justo eso, a que les acompañemos. Los registros deshumanizan, infantilizan y son paternalistas. Y son de estos tres conceptos de los que debemos huir en el siglo XXI.

Si pretendemos humanizar la atención a personas, algo que urge  por cierto, podemos empezar por desburocratizar el sector. Minimizar los registros a los estrictamente necesarios y realmente útiles e invertir el resto del tiempo a estar con las personas, dará un cambio cualitativo en la forma en la que acompañamos. Os invito a que penséis cuantas veces habéis utilizado los registros en el último año y reflexionéis que se puede cambiar.

Otro modelo es posible, solo hay que desechar formas de trabajar anticuadas y atreverse a dar el paso y pensar que otra forma de trabajar es posible a la vez que necesaria. Recordar: Burocracia=Deshumanización.  Cambiar esa ecuación está en nuestras manos.

Sergio Alarcón González
CEO y Trabajador Social de Neurovida.
www.neurovida.es