Es fácil medir en tiempo el promedio de años que pueden llegar a vivir una persona.

También es fácil conocer las medidas de un cuadro o su valor, la técnica de una escultura o los materiales con los que se construyó el Panteón romano.

La persona y la obra de arte tienen en común su valor, es decir, la superficialidad, el exterior, pero es la esencia, lo que los hace únicos.

Decía su amante al torero Manolete “Eres el feo más guapo que jamás he visto”

Qué bonita frase. Y cuántas cosas tenemos que dar a los demás y a nosotros mismos, que dejan a un lado, el puro físico.

¿Cuántos bellísimos kilos de más en Fernando Botero?

¿Cuántas cicatrices del corazón en Salvador Dalí?

¿Cuántas mentes desgastadas con el paso de los años, que nos enseñan a los jóvenes, lo que de verdad vale la pena?

VIVIR

En Neurovida cada mente es una obra de arte contada a modo de poesía, de pintura, de teatro, de ejercicio.

Nuestros chicos son esos  Van Goghs, esos Leonardos de media sonrisa que acaba siendo infinita, o esos Goyas, que al final, ven la luz al final del túnel.

Obras – personas,  que con el tiempo, son más valiosas por todo aquello que nos tienen que contar.

Miremos dentro de ellas como si se tratara de ese cuadro que desmigajamos cuando acudimos a un museo.

Los participantes son esos Benjamin Button, que vuelven a rejuvenecer día a día, desde esos pequeños rincones de su mente, y tratamos, con alegría diaria, que nos sorprendan, cuenten, y disfruten, por que como en toda obra de arte,

EL TIEMPO ES ORO.

Diana García
Historiadora del Arte