La valoración es el primer paso para conseguir una adecuada intervención en cualquier recurso de rehabilitación. Es importante saber los déficit y limitaciones que la persona presenta, pero también nos parece de gran importancia saber cuáles son aquellas áreas que la persona presenta conservadas; cuáles son sus intereses y objetivos de la intervención y qué medios tiene (no solo económicos, si no sociales y emocionales) para llevarlo a cabo.

La valoración puede realizarse de múltiples maneras. Las más empleadas son pruebas, test y baterías propias de cada especialidad, cuyos datos se plasman en un informe y se vuelven a administrar una vez haya pasado el período establecido en la organización interna de cada centro. No solo se evalúa con herramientas cuantitativas, sino que es fundamental la observación directa de la persona en un entorno real.

Es importante destacar que, aunque dos personas tengan el mismo diagnóstico o incluso las mismas secuelas tras una enfermedad; nunca nos encontramos con dos casos clínicos iguales. Por eso, creemos que es de vital importancia; al igual que individualizamos y personalizamos las intervenciones; hacerlo de igual manera en la valoración.

La CIF (Clasificación Internacional del Funcionamiento, de  la Discapacidad y de la Salud) pertenece a la familia de clasificaciones internacionales desarrolladas por la OMS, que pueden ser aplicadas a varios aspectos de la salud. La CIF ha pasado de ser una clasificación de “consecuencias de enfermedades” (versión de 1980) a una clasificación de “componentes de salud”.

Cabe destacar, por ejemplo, que en el caso de las personas afectadas por un Daño Cerebral Adquirido, una vez que se consigue una estabilidad clínica, esa persona deja de ser una persona enferma a ser una persona con limitaciones o discapacidades; por lo que es fundamental hablar en términos de salud; analizando cada función y estructura corporal y los factores contextuales (ambientales y personales) que rodean a la persona; con el beneficio de poder expresar cada componente tanto en términos positivos como negativos.

Todo ello dará como resultado una valoración integral de la persona por parte de todo el equipo interdisciplinar; y con ello una puesta en marcha de un plan de intervención totalmente individualizado con unos objetivos marcados conjuntamente con la persona y su medio familiar.

Miriam Carretero
Terapeuta ocupacional de Neurovida